26 de mayo de 2009

Una peli: El niño con el pijama de rayas (2008)

5/10

Bueno, pues por fin vi El niño con el pijama de rayas. Han sido varios meses ocupando un valioso Gb en el cada vez más escueto espacio de mi disco duro portátil. Y ahí estaba yo, dándole preferencia a otras cosas que pensaba más digeribles, porque no siempre tiene uno cuerpo para imbuirse en el asunto del Holocausto, tema que el cine ha sabido abordar de forma más o menos eficaz y del que siempre resulta una sensación final (que no “solución”) cercana a lo angustioso. Pero ha sido tanto el bombo que le han dado al libro y, como no podía ser de otra manera, también a su versión en celuloide, que su visionado se había convertido en casi una asignatura pendiente.

Pero resulta que esta no es una película sobre el Holocausto. Que no, que no cuela. Que esta historia podría haber tenido lugar en cualquier otra situación análoga. Su argumento podría encajar igual de bien en la URSS de Stalin, en el Guantánamo cubano o en el sur de África durante la guerra de los Boers. Cójanse a dos niños de ocho años; sitúeseles a ambos lados de una valla y asígneseles roles de inocentes observadores de las circunstancias que les ha tocado vivir; añádanse varios litros de sensiblería y dos puñados de dramatismo fácil; rebájese sin recato el rigor histórico y, una vez decorado con una impecable puesta en escena y las mismas interpretaciones de los niños, sírvase y consúmase de inmediato, no vaya a ser que el influjo del best-seller se evapore y al final tanto correr para llevarlo al cine se quede en nada.

Porque esto es precisamente a lo que huele este caldo: mucha prisa por llevar a la gran pantalla la exitosa novela. Esa prisa que parece provocar cortedad de razonamiento en los guionistas, incapaces de componer un argumento verosímil, donde nada menos que la seguridad y vigilancia nazi son inexistentes, hasta el punto de que los niños mantienen largas conversaciones durante días, verja mediante, sin ser siquiera molestados; donde el mimado infante alemán se queda a solas durante horas con un prisionero judío y donde la puerta por la que escapa de su casa y accede al campo de concentración siempre está abierta...

En quince minutos, la película ya muestra sus cartas, sobre todo con la actitud del chico, cuyas miradas de escepticismo ante los éxitos de su padre no entran ni con calzador. Así y todo, intentas darle las oportunidades que sean necesarias, en aras de, por lo menos, disfrutar de una historia tan dramática como irreal. Pero la acumulación de situaciones ilógicas es aplastante, y el edificio se derrumba finalmente ante su peso, llevándoselo todo por delante.

1 comentario:

  1. Cada uno con la suya...Como siempre le damos más importancia a las cosas de las que tienen.
    Me parece aceptable tu comentario sobre los pormenores de la historia; pero ten en cuenta que en la vida estamos también criaturas que nos acercamos al cine con el único y egoista propósito de pasar un rato amable de la mano de una historia que nos despierta cierto sentimentalismo.
    Yo cuando vi la película pasé un rato muy agradable. Me lo creí del tirón y me dejé seducir por una historia totalmente sensiblera que me atacó con sentimientos variopintos.
    En definitiva. Que no me comí el coco con los rudimentos de la peli hasta que he leído tu opinión.

    ;-)

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