26 de agosto de 2009

Una peli: El Intercambio (2008)

6/10

Al bueno de Eastwood le cabe el inmenso honor de ser el primer creador que ve por segunda vez un trabajo suyo comentado en este blog. Supongo que ya debe de estar acostumbrado a los premios, agasajos y atenciones hacia su labor, pero comprendo lo realizado que debe sentirse al comprobar que su obra no pasa desapercibida para este difundidísimo blog, por mucho que la calidad de la misma se haya resentido en sus últimas entregas.

El intercambio (Changeling), cuenta la historia de una desesperada madre (Angelina Jolie) y sus denodados esfuerzos por encontrar a su hijo, desaparecido un 10 de marzo –el día de mi cumple, mira tú por donde- de 1928. Para ello, cuenta con la “eficaz” ayuda del corrupto departamento de policía de Los Ángeles, que trata de convencerla de que un niño que andaba por ahí es su retoño, cosa que ella acepta en un principio, debido al parecido del niño con su hijo y a la tremenda presión a la que se ve sometida. Una vez convencida de lo contrario, la sufrida madre emprende una feroz lucha contra el nauseabundo sistema, apoyada por un reverendo local (John Malkovich), habitual denunciante de los abusos policiales.

La historia se basa en hechos reales, concretamente en los crímenes de Wineville, ocurridos en los años 20 del siglo pasado, y aunque está debidamente deformada en aras de la efectividad de cara a la gran pantalla, es fiel a los argumentos principales, como son la corrupción policial y la consiguiente batalla de la madre contra el sistema. Un capítulo más del oscuro pasado de Los Ángeles, ciudad donde se han gestado muchas de las historias más truculentas de América, algunas de ellas llevadas al cine –sin ir más lejos, el caso de la Dalia Negra, sin mucha fortuna por cierto, de Brian De Palma hace un par de años.

Empezando por lo bueno que tiene esta película, hay que destacar sobre todo a la simpar Jolie –rebautizada para la ocasión como Changelina Jolie-, que realiza un trabajo notable en el que logra algo que, dadas las circunstancias, no debe ser nada fácil: dejar su impactante belleza en un segundo plano. Consigue dotar a su personaje del peso dramático justo, sin caer en ningún momento en el patetismo histriónico. Buena culpa de ello la tienen unos tremendos ojazos que rozan lo irreal, casi siempre humedecidos por lágrimas a punto de irrumpir. Una buena actriz esta bella moza, por cuyos labios, heraldos de su abrumadora hermosura, suspiro. Y que no me vengan con lo de la cirugía estética y todo eso, que la chica ya prometía cuando era apenas una adolescente. Compárese, vía Imágenes de Google, a la Jolie adolescente con la actual y se comprobará que, incluso a esas tempranas edades, la cosa era de quitar el hipo.

Una vez recuperado el resuello, retomo los aspectos positivos haciendo mención de la puesta en escena, que es impecable. Un auténtico viaje a los años 20 al que no se le escapa un detalle, algo que no es de extrañar si leemos un poco sobre el making of de la película y comprobamos que no se escatimaron gastos a la hora de lograr una ambientación perfecta. Un trabajo a la altura de la historia que cuenta, la cual te mantiene en vilo hasta que la cosa, como no podía ser menos dadas las últimas experiencias, decae.

Que es justo lo que le pasa a El intercambio. Tiene el don de involucrarte con el sufrimiento de una madre que desconoce el paradero de su hijo y a la que todo parece volvérsele en contra. Te fascina con una historia que atrapa tu interés, pero que lo va soltando conforme avanza el metraje y acaba por no ser bien contada. A partir de cierto momento, la historia empieza a cobrar el aspecto de esos telefilms de sobremesa con los que Antena3 tortura a los infortunados televidentes que no tienen otra cosa que echarse a la vista. Entonces aparecen escenas y situaciones proclives al efectismo simple, buscando impactar o emocionar al espectador de una forma un tanto burda. Es una pena que no se haya puesto un poco más de cuidado en el acabado de las situaciones, en vez de recurrir al maniqueísmo de siempre, donde en la lucha de los malos contra los buenos, la victoria final, aunque sea moral, siempre es de estos últimos.

¿Conclusión? Pues que con esta película se confirma que estamos en plena pandemia de un virus cada vez más presente en la cosa cinematográfica. Provoca un mal frustrante y fastidioso que se extiende cual gripe porcina y del que se desconoce su medio de transmisión. Desencadena, allá por la mitad del minutaje, una caída en picado de la calidad de la historia que se cuenta, una vulgarización de los medios con los que se pretende conseguir un efecto llamativo en el espectador y una sensación final en éste de pérdida de tiempo –y dinero, según el caso- que termina provocando que, puestos a poner nota, ésta no pase del 6, como es el caso.

19 de agosto de 2009

Una peli: Resacón en Las Vegas (2009)

6/10

En España, la práctica de cambiar el título original de las películas extranjeras, no por habitual resulta más eficaz. Recuerdo que estuve muchísimos años creyendo que el título de la película de los Beatles A hard day’s night quería decir ¡Qué noche la de aquel día!, cuando ciertos conocimientos de inglés adquiridos posterior(y tardía)mente, me revelaron que su traducción correcta era La noche de un día duro, que no es que sea mejor, ni mucho menos, pero es que no tiene nada que ver con el título que le pusieron aquí. Además, el original tiene su pequeña razón de ser, pero esa es otra historia.

De todas formas, el caso anterior no supone un disparate como el que se perpetró con la polanskiniana (?) Rosemary’s baby (el bebé de Rosemary), titulada aquí por algún bienpensante como La semilla del diablo. Una manera muy sencilla y directa de cargarse la carga sugestiva que puede llegar a tener un título. A su visionado me remito (en Youtube se puede ver completa, ahí va la parte 1)

Esta introducción, aparte de rellenar un poco el espacio que deja la falta de argumentos, viene al caso porque el título original de Resacón en Las Vegas es The hangover (La resaca, así de simple). El que le han puesto aquí le da a uno la impresión de estar ante una comedia gamberra de esas que no deja moralina con cabeza y con las que The hangover no tiene nada que ver... para su desgracia.

En principio, la película tiene todos los elementos para resultar descojonante. Ahí tenemos al grupo de amigos que se van a Las Vegas a celebrar, a todo tren, la despedida de soltero de uno de ellos. Está el guaperas dispuesto a comérselo todo –o a todas-; el imprevisible desequilibrado capaz de cualquier ocurrencia; el amigo honesto y bien situado que le ha dicho a su mujer que va a pasar la noche en una tranquila villa campestre y, por supuesto, el novio, que contraerá matrimonio dos días después. También anda por ahí el coche de lujo que el futuro suegro presta al novio, con el encargo de que no lo estropee. El escenario que acoge al grupo como destino pecaminoso y desenfrenado, en este caso Las Vegas, tampoco podía faltar. Por supuesto, a la mañana siguiente nadie se acuerda de lo que ha pasado durante la noche, tal es el estado en el que se levantan. Poco a poco, se irán encontrando con personajes y situaciones con los que irán desentrañando el misterio. El problema principal es que el novio ha desaparecido.

Con estos mimbres, la diversión provocada por el gamberrismo, la sinvergonzonería y el borderío grueso parece servida, pero la cosa se queda bastante cortita por la falta, precisamente, de todo eso. A la película le falta mala leche, situaciones que te hagan descojonarte, momentos de locura como, qué sé yo, el pelo seminalmente tieso de Cameron Díaz en Algo pasa con Mary o los tatuajes en las espaldas de Ashton Kutcher y su amigo en Colega, ¿dónde está mi coche? –con la que, por cierto, comparte básicamente el argumento-. No se trata de exigir que la película sea una sucesión de gags brillantes, uno detrás de otro, pero sin duda que un par o tres de ellos le hubiera hecho un gran favor.

El resultado es que Resacón en Las Vegas dibuja una sonrisa sobre tu rostro y te mantiene expectante a la espera de mayores picos de diversión. Pero la carcajada nunca llega, y poco a poco la sonrisa se va borrando, hasta convertirse en un gesto plano de indiferencia. Y menos mal que hacia el final, al filo de los créditos, la cosa se levanta un poco –escena porno, o casi, incluida- aunque no evita que la impresión final se quede en la simple distracción.

10 de agosto de 2009

Un disco... bueno, tres.



Con esto de la playita, el paseíto y la cervecita (no sé porqué, pero en verano todo tiende al diminutivo), estoy dándole poco al blog y eso provoca que se me amontonen los discos sobre los que tengo intención de escribir. Así que haré unas breves reseñas de estos tres que guardaban cola.

- Doro: Fear No Evil (2009)

8/10
Doro Pesch fue la bella cantante del grupo alemán Warlock, grupo que tomó su nombre -Doro- cuando se quedó ella sola al frente del proyecto, allá por el 93. Entre unas cosas y otras, la maciza –y siempre en cueros- teutona lleva ya 25 años pariendo discos a respetable ritmo.

La verdad es que siempre los consideré, tanto al grupo como a la bella Doro, situados en el grupo de cabeza de la segunda fila metalera internacional, permanentemente fieles a un competente Heavy Metal clásico, en una carrera a la que le supongo altibajos. Ello no quita para que este Fear no evil, resulte un magnífico trabajo que, aparte de su calidad, está lo suficientemente actualizado como para que no resulte repetitivo, algo que por desgracia suele suceder con los grupos que, desde hace ya demasiados años, insisten en las fórmulas más añejas del Metal.

Todo muy bien tocado y cantado, aunque con voz introductoria amenazadora y cavernosa un poco manida ya, y muy buenas canciones, que tienen su punto álgido en los temas lentos. El que cierra el disco, 25 years, es uno de ellos, y la Valkiria Metálica ha querido que sea un himno de agradecimiento a todos sus fans por el aprecio mostrado en estos 25 años de carrera recién cumplidos. ¡¡Felicidades, guapa!!

Ahí va el vídeo de uno de los mejores temas del álbum.





- Black Messiah – First War Of The World (2009)

9/10
Seguimos con Metal alemán del bueno, pero ya dentro de una perspectiva más actual y, para mi, más atractiva. Esta vez ponemos rumbo hacia sus sonidos más extremos. Aunque no tanto, eh? que estos Mesías Negros -¿alguien les ha llamado irreverentes?-, aunque empezaron haciendo un Black Metal muy visceral, han ido tornando su sonido hacia el punto donde se cruzan el Folk y el Pagan Metal, sin olvidarnos del Black, por supuesto.

Se trata de un disco que cuenta -voz en off incluida- alguna mítica batalla de la mitología nórdica, con lo que por ahí andan Thor, Odín, el Valhalla y todo el resto del glosario dedicado al tema. El resultado es trepidante y saltarín al mismo tiempo, ya que igual te lleva a agitar el coco de arriba abajo como un poseso, que a saltar al ritmo de unos riffs diabólicos combinados con flautas y violines. Velocidad y melodía al servicio de 9 temas sin desperdicio -hay 4 pistas más, pero son intros habladas- en un trabajo demoledor y con un buen punto de sensibilidad. Excelente.

Os pongo lo que podría haber sido el vídeo del tema Gullveig, de los mejores del disco. No confundir al principio con Mago de Oz. ‘Más quisieran ellos (los Mago, digo)





- Dark Moor: Autumnal (2009)

9/10
Aunque no sigo mucho el metal español –para mí claramente desventajado con respecto a lo de afuera-, sí creo que puedo decir que, puestos a escoger al mejor grupo patrio de Metal, sin duda que Dark Moor contaría con mi voto. Ya había oído cosas de ellos, incluido su anterior trabajo Tarot, que me causó una gratísima impresión.

Ahora nos traen –o mejor dicho, nosotros nos llevamos…- este Autumnal, que para mí que los confirma como una gran banda, que partiendo de un concepto de Metal Sinfónico, lo que sería un Power Metal con muchísima melodía y profusión de arreglos orquestales, consigue un nivel de sonido y de calidad de las composiciones que ríase usted de gran parte del producto foráneo que nos cae encima día a día.

Haciendo gala de un sonido realmente grandioso, tendente a la majestuosidad, Autumnal incluye el mejor tema metálico que se ha escrito en España en qué sé yo cuántos años, que no es otro que For Her, bien secundado por otras maravillas como On the hill of dreams y An end so cold. Me hubiera gustado enganchar el vídeo del primero de ellos, pero lo único que encontré fue lo que aquí abajo aparece, que no es poco. Para compensar, inserto también el vídeo -¡éste sí!- de On the hill of dreams.




5 de agosto de 2009

Una peli: Slumdog Millionaire (2008)

7,5/10
Película de vaivenes, esta que trata de las peripecias de un joven hindú (un slumdog, algo así como un niño de la calle), que está a punto de obtener el premio mayor en la versión aceitunada de “Quién quiere ser millonario” –en la que, ¡oh, sorpresa!, el presentador es todavía peor que el Carlos Sobera de los c... millones- y al que la policía de aquel país, tan defensora ella de la presunción de inocencia, tortura para hacerle confesar en qué consiste la trampa con la que se va a llevar la morterá. Pero resulta que el bueno de Jamal, que así se llama el bronceado protagonista, no sólo sabe las respuestas, sino que éstas encuentran su origen en algunos momentos de su durísima vida, oportunamente relatada mediante eficaces flashbacks.

Hasta aquí todo cojonudo. Tenemos una historia genial que nos introduce de lleno en las calles de Bombay, donde la vida ciertamente vale muy pocas rupias, y en la que sobreviven como pueden Jamal y su hermano, convertidos en astutas ratas de alcantarilla después de escapar de las garras de la mafia explotadora de niños. Impresionante la parte en la que dejan ciegos a alguno de ellos, especialmente los poseedores de una mejor voz, puesto que son los que obtienen mayores beneficios practicando la mendicidad. Las interpretaciones, en especial las de los críos, realmente fantásticas, y tanto la música como las escenas, sobresalientes.

Pero es que, claro, el director es, nada más y nada menos que Danny Boyle, director de títulos tan sugerentes (aunque no siempre bien valorados) como 28 días después, La playa y, sobre todo, Trainspotting, aquella epopeya intravenosa que nos regaló allá por el 96, y que dejó a un servidor con la boca abierta y los ojos como platos de neue cuisine. Aquí nos ofrece lo que, en principio, lleva camino de ser un trabajo de denuncia social. La muestra rotunda e impactante de un modo de vida que nos es totalmente ajeno, del que conocíamos su existencia pero quizá no su dimensión – al menos hasta la llegada de Callejeros-. Al fin y al cabo, ¿en qué nos afecta la brutalidad de la existencia de nuestros semejantes, férreamente enraizados como estamos a la profunda comodidad de nuestro sofá y la silenciosa compañía del mejor amigo del hombre, léase mando a distancia? ¿Tenemos la culpa acaso de que el azar nos haya puesto en este lado de la línea?

Me ha salido la vena solidaria y compasiva. Mañana apadrino una niña hindú y todo arreglado. Alguna afortunada se beneficiará de los 30 € mensuales y yo acallaré la muy tenue voz de mi conciencia con tan noble gesto. Mientras tanto, y paulatinamente, el guión de Slumdog Millionaire adopta la forma de un thriller barato, con almibarada historia de amor incluida, y todo se jode en buena medida. Lo que parecía ser un impactante film reflejo de la crudeza de la vida de muchos, se convierte en un patético pastizal lleno de tópicos vistos ya mil veces en la gran pantalla. Los beneficiosos parecidos con películas de gran calibre, como las brasileñas Ciudad de Dios o Tropa de élite, se van diluyendo en el caldo de lo vulgar y lo previsible. Justo hasta el final.

Porque el final de Slumdog Millionaire es de lo más sorprendente que he experimentado en mucho tiempo en términos cinematográficos. Cuando estás a punto de consolidar lo que hubiera sido una valoración muy negativa de la película, una danza al más puro estilo Bollywood, interpretada por una cantidad inmensa de gente, otorga al trabajo una dimensión que no esperaba, y que me hizo replantearme el sentido final de toda la película. ¿Ha sido todo una fantasía juvenil? ¿La edulcorada historia de amor tiene su razón de ser en una bienintencionada e inocente fábula? ¿Es sólo un intento de poner un punto dulce y colorista a una sórdida, y en buena parte mediocre, historia?
Preguntas cuyas respuestas espero se incluyan en los inevitables comentarios que sin duda vosotros, fiel peña seguidora de este concurridísimo blog, insertaréis aquí abajo.