5 de agosto de 2009

Una peli: Slumdog Millionaire (2008)

7,5/10
Película de vaivenes, esta que trata de las peripecias de un joven hindú (un slumdog, algo así como un niño de la calle), que está a punto de obtener el premio mayor en la versión aceitunada de “Quién quiere ser millonario” –en la que, ¡oh, sorpresa!, el presentador es todavía peor que el Carlos Sobera de los c... millones- y al que la policía de aquel país, tan defensora ella de la presunción de inocencia, tortura para hacerle confesar en qué consiste la trampa con la que se va a llevar la morterá. Pero resulta que el bueno de Jamal, que así se llama el bronceado protagonista, no sólo sabe las respuestas, sino que éstas encuentran su origen en algunos momentos de su durísima vida, oportunamente relatada mediante eficaces flashbacks.

Hasta aquí todo cojonudo. Tenemos una historia genial que nos introduce de lleno en las calles de Bombay, donde la vida ciertamente vale muy pocas rupias, y en la que sobreviven como pueden Jamal y su hermano, convertidos en astutas ratas de alcantarilla después de escapar de las garras de la mafia explotadora de niños. Impresionante la parte en la que dejan ciegos a alguno de ellos, especialmente los poseedores de una mejor voz, puesto que son los que obtienen mayores beneficios practicando la mendicidad. Las interpretaciones, en especial las de los críos, realmente fantásticas, y tanto la música como las escenas, sobresalientes.

Pero es que, claro, el director es, nada más y nada menos que Danny Boyle, director de títulos tan sugerentes (aunque no siempre bien valorados) como 28 días después, La playa y, sobre todo, Trainspotting, aquella epopeya intravenosa que nos regaló allá por el 96, y que dejó a un servidor con la boca abierta y los ojos como platos de neue cuisine. Aquí nos ofrece lo que, en principio, lleva camino de ser un trabajo de denuncia social. La muestra rotunda e impactante de un modo de vida que nos es totalmente ajeno, del que conocíamos su existencia pero quizá no su dimensión – al menos hasta la llegada de Callejeros-. Al fin y al cabo, ¿en qué nos afecta la brutalidad de la existencia de nuestros semejantes, férreamente enraizados como estamos a la profunda comodidad de nuestro sofá y la silenciosa compañía del mejor amigo del hombre, léase mando a distancia? ¿Tenemos la culpa acaso de que el azar nos haya puesto en este lado de la línea?

Me ha salido la vena solidaria y compasiva. Mañana apadrino una niña hindú y todo arreglado. Alguna afortunada se beneficiará de los 30 € mensuales y yo acallaré la muy tenue voz de mi conciencia con tan noble gesto. Mientras tanto, y paulatinamente, el guión de Slumdog Millionaire adopta la forma de un thriller barato, con almibarada historia de amor incluida, y todo se jode en buena medida. Lo que parecía ser un impactante film reflejo de la crudeza de la vida de muchos, se convierte en un patético pastizal lleno de tópicos vistos ya mil veces en la gran pantalla. Los beneficiosos parecidos con películas de gran calibre, como las brasileñas Ciudad de Dios o Tropa de élite, se van diluyendo en el caldo de lo vulgar y lo previsible. Justo hasta el final.

Porque el final de Slumdog Millionaire es de lo más sorprendente que he experimentado en mucho tiempo en términos cinematográficos. Cuando estás a punto de consolidar lo que hubiera sido una valoración muy negativa de la película, una danza al más puro estilo Bollywood, interpretada por una cantidad inmensa de gente, otorga al trabajo una dimensión que no esperaba, y que me hizo replantearme el sentido final de toda la película. ¿Ha sido todo una fantasía juvenil? ¿La edulcorada historia de amor tiene su razón de ser en una bienintencionada e inocente fábula? ¿Es sólo un intento de poner un punto dulce y colorista a una sórdida, y en buena parte mediocre, historia?
Preguntas cuyas respuestas espero se incluyan en los inevitables comentarios que sin duda vosotros, fiel peña seguidora de este concurridísimo blog, insertaréis aquí abajo.

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