20 de julio de 2009

VídeoLink: Como lágrimas en la lluvia...

Hace unas noches la volví a ver. Para el que esto escribe, uno de los momentos álgidos del Séptimo Arte, que me dejó hipnotizado poco antes de mi gloriosa incorporación a los deberes con la Patria (año 1983), y que lo ha vuelto a hacer en el que, seguramente, no será el último visionado de esta Obra Maestra total.

Nada le falta a la que, sin duda, es la escena culminante de la película. El momento en el que el replicante Roy (Rutger Hauer) parece que va a aplastar a su acorralado oponente Deckard (Harrison Ford), policía responsable de la muerte de sus compañeros replicantes. La muerte por machacamiento de cráneo del Blade Runner parece inminente. Pero...





"...yo, he visto cosas que vosotros no creeríais..."...las lágrimas del replicante que se pierden en la lluvia..., su resignada inclinación de cabeza..., la paloma blanca que escapa de entre sus manos...


Estremecedor. Pura poesía existencial.

Sobra el plúmbeo e innecesario discurso en off de la versión que se estrenó originalmente y que fue eliminado, junto con su happy end, en el Director´s Cut editado diez años después del primer estreno.

6 de julio de 2009

Un libro - Yo, Claudio - Robert Graves (1934)

9/10

Unas últimas jornadas de maratoniana lectura han permitido que termine Yo, Claudio, justo el día que tengo que devolverlo a la biblioteca. Y no ha sido tarea fácil: casi 600 páginas de letra pequeña, texto apretado, párrafos extensísimos y poca generosidad en lo que a puntos y aparte se refiere. Pero ha merecido la pena, y mucho. La pretendida autobiografía del nada agraciado emperador romano, que ejerció el cargo entre los años 41 y 54 de nuestra era, es uno de esos libros que devoras con fruición. Te hipnotiza con su elegante pero a la vez obsesiva prosa. Imaginas al protagonista sin parar de hablar, con la mirada perdida en el infinito, narrando los más oscuros acontecimientos que han dominado su vida. Narración que quizá no vaya dirigida a nadie, excepto a él mismo.

Por supuesto, me cuento entre los admiradores de aquella magistral serie que nuestra televisión emitió allá por los... ¿setenta? La verdad es que el recuerdo de su visionado aparece borroso en mi memoria, aunque dominado por un Derek Jacobi magistral que consiguió con ese trabajo renombre internacional. Pero Yo, Claudio, la novela, va mucho más allá, detallando de forma excelsa las omnipresentes intrigas de la corte imperial romana. Por cierto, que no es de extrañar que muchos emperadores terminaran siendo unos déspotas sin escrúpulos dispuestos a cualquier tropelía con tal de mantener su estatus y el de sus herederos. Ese era, ni más ni menos, el ambiente familiar en el que crecían, donde abundaban los asesinatos, envenenamientos y destierros, la mayoría de las veces motivados por acusaciones totalmente infundadas.

No obstante su grandeza, siempre hay que poner en solfa el contenido de este tipo de obras. Al fin y al cabo pertenecen al género de novela histórica, con lo que sin desdeñar en absoluto la intensa labor de documentación que sin duda el autor ha llevado a cabo, y que se refleja en la cantidad de datos sobre la vida cotidiana romana que proporciona, no está de más comentar que muchos historiadores dudan de la veracidad de ciertos hechos, como es el caso de la pérfida influencia que Livia, esposa de Augusto y abuela de Claudio, ejerció tanto en su esposo como en la corte en general, amén de su faceta como hábil envenenadora. Una imagen de mujer calculadora, depravada y cruel que, repito, muchos historiadores han puesto en tela de juicio. Algo parecido ocurre con los mandatos de Tiberio y Calígula, en los que hechos como el nombramiento, por este último, de su caballo Incitatus como cónsul, son vistos con escepticismo por no pocos especialistas en el mundo romano.

Pero los avatares del cuarto emperador romano, no acaban con este volumen, que finaliza con su involuntario ascenso al trono, tras ser descubierto por la guardia pretoriana tras una cortina, temblando de miedo por su vida, una vez consumado el asesinato del desequilibrado Calígula. A la espera queda la segunda parte, Claudio el Dios y su esposa Mesalina, que relata todo su mandato hasta su muerte, también asesinado para variar.

22 de junio de 2009

Re-flexionando: Tácitamente

Estoy terminando Yo, Claudio. Por supuesto que tendrá una merecida entrada en este blog. Y adelanto que la nota será muyyyy alta, porque es una grandísima novela.

Pero, nada más empezar, me llamó la atención este prefacio de la misma:

"...Una historia que fue sometida a toda clase de tergiversaciones, no solo por parte de quienes entonces vivían, sino también en tiempos posteriores; porque es lo cierto que toda transición de prominente importancia está envuelta en la duda y la oscuridad. Mientras unos tienen por hechos ciertos los rumores más precarios, otros convierten los hechos en falsedades. Y uno y otros son exagerados por la posteridad."

Tácito (historiador romano. 55-120 dc.)

Está claro que este razonamiento sería aplicable a muchos momentos de la Historia. Uno de ellos podría ser aquel que tiene que ver con pesebres, cruces y resucitados.

19 de junio de 2009

Una peli: Wall-e (2008)

6,5/10


Una buena noche de hace unos años, con bastante retraso respecto a su estreno y ante la poca alternativa existente en cuanto a películas interesantes que echarme a la vista, decidí meterle mano a una peli de animación llamada Monsters Inc. (que una eficaz labor de traducción convirtió aquí en Monstruos SA.). Siempre había sido reacio a ver este tipo de trabajos, que consideraba destinados a niños, con lo que las expectativas en cuanto a mi impresión final no creí fueran a pasar del simple entretenimiento. Pero cuál fue mi sorpresa al encontrarme una película redonda que me hizo reír y llorar a partes iguales. Una obra maestra en toda regla, pensada para el disfrute tanto de los enanos como de sus mayores.

La gratísima impresión que me produjo no me convirtió en fanático del cine de animación, ni mucho menos, pero sí me dejó la impronta de que con cualquier película de este tipo que viera, las sensaciones no andarían demasiado lejanas a las que Monstruos SA. provocó. Mucho tuvo que ver para que acabara pensando de esa forma el hecho de que las críticas parecían unánimes a la hora de valorar estos trabajos, dado que rara es la entrega de cine animado que no merezca, a los ojos de la crítica, de un notable para arriba. Sin embargo, ninguno de los visionados post
eriores, léanse Ice Age, Shrek, ambas con sus respectivas secuelas y ni mucho menos Ratatouille, alcanzaron el nivel de genialidad de los monstruos asustadores de niños, aunque considero la primera entrega de Shrek como un muy buen trabajo.

Todas los aspectos positivos que encontré con los monstruos están presentes en la peli que revisamos hoy… pero solo durante la primera media hora, precisamente cuando Wall-e, que no es otra cosa que la marca de un robot encargado de reciclar basura, se encuentra solo en una deshabitada Tierra, la cual ha quedado reducida a un montón de desechos. La humanidad hace ya tiempo que cambió la salud de su planeta por la comodidad de estar sentado todo el tiempo delante del ordenador, interrelacionándose virtualmente y perdiendo toda noción de lo que la rodea. A todo esto, en la “vida” de Wall-e aparece, enviada por los exoplanetarios humanos, una robot de análoga misión, pero muchísimo más avanzada tecnológicamente. Entre los dos entrañables cacharritos surge, como no podía ser de otra manera, el amor, que se ve interrumpido cuando a Eva, que así se llama la graciosa maquinita, la recogen los humanos para comprobar los resultados de su misión en la Tierra. Y no cuento más, pero adelanto que nada de lo que acontece se sale de los guiones habituales de las películas animadas, lo cual no tiene porqué ser negativo, por supuesto.

Y se me ha colado la sinopsis, cuando estaba diciendo que todo lo bueno de Wall-e está en su primera media hora, en la que todo funciona a la perfección. Son treinta minutos de auténtica magia; de unas deslumbrantes imágenes que rizan el rizo de todo lo hecho anteriormente en este tipo de producciones y de un argumento genial, en el que se dan la mano aspectos recurrentes en el cine de animación: la soledad, el aprecio por las pequeñas cosas, la presencia del inseparable amiguito del protagonista (una cucaracha que cumple fielmente el papel de indestructible que siempre se le ha dado). Y como no, de momentos verdaderamente hilarantes, entre los que destacaría las dificultades que Wall-e tiene con una pala de ping-pong de esas que tienen la pelota unida con un cuerda y con un extintor cuyo chorro se ve incapaz de controlar. Sí, esa primera media hora prometía un deleite total durante todo el film. Pañuelillos de papel, preparados para enjugar lágrimillas de risa y de pena, se arrugaban entre mis inquietos dedos humanos.

Lo malo es que el adorable recopilador de basura se las apaña para seguir a su amada hasta la nave nodriza donde habita la humanidad en las condiciones que comentaba más arriba. Y es justo ahí donde el giro que da la película es radical. La historia se vuelve aburrida, perdiendo gradualmente todo el interés que atesoraba en su inicio. El mensaje ecologista que pretende está ya demasiado visto como para que llame la atención, aunque está muy bien inculcarle a los niños los peligros del consumo insostenible. Apreciable es también el intento de hacerles ver que hay vida más allá del ordenador o la consola, aunque las consecuencias de abusar del entretenimiento y de la vida sedentaria que la historia propone sean ciertamente exageradas. Y lo malo es que no creo que un crío aguante toda la película sin bostezar varias veces.

Para más inri, su deslumbrante calidad en lo que a imágenes se refiere se torna en no pocas ocasiones bastante confusa. Ello se debe a que los auténticos protagonistas de Wall-e son los robots. Los hay de todo tipo, tamaño y función: pequeños robots para limpiar, grandes para vigilar, medianos para multitud de tareas. Ello provoca que en algunos “planos” donde se juntan varios de ellos, el visionado se haga un auténtico batiburrillo de robots que van de acá para allá, con lo que identificar a los protagonistas entre tanta criatura se convierte en algo complicado. Incluso los recurrentes diálogos entre los enamorados, que se limitan a unos lacónicos “Waaaaliiii / Eeeevaaa”, terminan siendo un poco pesados.

Me quedo con esa magistral primera media hora, pero me apena que tanto derroche de genialidad no se vea refrendado por el resto del metraje. Mientras doy con otra película de animación a su altura, Monstruos SA. seguirá líder destacada en lo que a películas de “dibujitos animados”, como se las conoce en el ámbito doméstico, se refiere.

12 de junio de 2009

Re-flexionando: Y el bueno de Carl se preguntaba...

La cosa espiritual siempre ha sido fiel compañera de mi existencia. Desde pequeñín, las eternas preguntas que siempre se ha hecho la humanidad ¿de dónde vengo? ¿adónde voy?, más allá de parecerme la letra de una rumbita salerosa, han ocupado mis pensamientos de forma incesante. Aunque no se trate de un asunto estrictamente espiritual, las dichosas cuestiones se han manifestado sobre todo en momentos muy especiales, como aquel en que se me ve, en algún lugar cercano al faro de Trafalgar, o sobre una roca en plena Sierra de Grazalema, tumbado sobre una gran duna de arena (toma pleonasmo), solo, y maravillado con el sobrecogedor espectáculo de un cielo nocturno en toda su inmensidad, identificando la Vía Láctea, Júpiter, Venus, el cinturón de Orión, Aldebarán... y algún astro más, que fue para lo poco que dio un cursillito de astronomía que hice hace ya mucho tiempo.

En muchas ocasiones la respuesta a todo fue Dios. Un Dios escurridizo, empeñado en esconderse y al que había que buscar. Nunca me sirvieron las respuestas tipo "esto es lo que hay" que ofrecen los diferentes credos, con lo que la certeza de un Dios creador de todo se vio eclipsada infinidad de veces por dudas de todos los colores, cuando no de convencimiento absoluto en su inexistencia.

Para ayudar a explicar mi actual posición en lo que a este tema se refiere, no encuentro nada mejor que este pequeño vídeo, un extracto de la serie Cosmos, de Carl Sagan, en el que de una forma sencilla pero eficaz, se plantea la posibilidad de la no existencia de Dios, simplemente añadiendo otra pregunta a la lista: ¿Quién creó a Dios?

"En muchas culturas (hablando de la creación del Universo), la respuesta habitual es que un dios o unos dioses, crearon el Universo a partir de la nada. Si queremos profundizar valerosamente en esta cuestión debemos, naturalmente, hacernos la pregunta inmediata: ¿de dónde viene Dios? Si decidimos que ésta es una pregunta imposible de resolver ¿por qué no saltarnos un escalón y concluir que el origen del Universo es una pregunta sin respuesta? O si decidimos que Dios siempre ha existido ¿por qué no saltarnos un escalón y concluir que el Universo siempre ha existido, que no hay necesidad de una creación porque ha estado aquí siempre?"

Pos eso. Sencillo pero eficaz.


10 de junio de 2009

Un disco: DIE APOKALYPTISCHEN REITER - Licht (2008)

9 / 10

A pesar de estar considerados como auténticas celebridades en su Alemania natal; de su trayectoria, que empieza a ser larga pues llevan 13 años de existencia; de su nutrida discografía y de la inmensa calidad de su música, Die Apokalyptischen Reiter (bendito sea el copia-pega) son prácticamente desconocidos por estos lares, así que aprovecharemos la apabullante difusión mundial de este blog para promocionarlos como se merecen en este nuestro suelo patrio.

Licht (brillo), es el nombre de la última entrega de estos “Jinetes del Apocalipsis”, y aparte de lo buenos que son, llama la atención el variado abanico de estilos en los que se manejan, siempre dentro del sonido rotundamente metálico que ofrece cada canción. DAR se mueven en un amplio espectro que va desde el Death al Punk, pasando por el Folk Metal, aunque en este disco esta ultima faceta esté menos presente. Lo que sí está presente y mucho es una estructura bien definida de los temas: estrofas más o menos contenidas, aunque sin perder ni un ápice de intensidad, y estallido apoteósico en forma de unos tremendos coros, todo ello salpicado de toques melódicos por aquí y por allá, ejecutado con un nivel instrumental apabullante y una voz, la de su frontman, de nombre Fuchs, poseedor de unos versátiles registros aplicables tanto a la más sutil de las melodías como al Death Metal más devastador. Es lo que tiene el escuchar discos de forma indiscriminada. Te encuentras con auténticas joyas, la inmensa mayoría de ellas producidas por gente de la que desconoces todo. Pero DAR han superado todas las previsiones, porque el genial revoltillo de estilos que crean los hace realmente originales. Y para muestra, tres botones:

La primera de estas tres muestras de poder y sensibilidad, es el tema Es wird schlimmer, que abre Licht de forma impactante, arrollándote con un riff y doble bombo realmente bestiales, y que supone un claro ejemplo de su faceta más Death. Demoledor.



Seguimos con Nach der ebbe, bellísimo medio tiempo que se convierte en auténtico himno allá por los coros. Lo de himno no es casualidad, ya que recuerda un poco a Hatikva, el símbolo musical de Israel.



Y por último, la genial Eruption, vídeo con el que los conocí, cuyo increíble coro (vale, estribillo) no hay quien me lo saque de la cabeza, y que te invita a moverte hasta la extenuación. Algo realmente grande.



4 de junio de 2009

VideoLink: Breve historia de dos gilipollas

Viernes noche. Ponen "21 días machacando el cuerpo". Y aparecen estos.

Sin comentarios. Solo decir que al parecer no se puede ser feo, ni gordo, ni ir los domingos a la playa. Somos "chusma".