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31 de julio de 2010

Me alegro.

Que conste que no derramaba lágrimas de sufrimiento por tantos toros masacrados y que nunca participé activamente en campañas organizadas al respecto. Tampoco ahora estoy tocando las palmas con las orejas ni he salido a la calle portando ningún slogan reivindicativo. Pero qué queréis que os diga, a pesar de todo:

...De lo politizado que pueda estar el asunto –qué no lo está a estas alturas-.

...De la gente que irá al paro –o que simplemente tendrá que reciclar su actividad económica-.

...De la, según muchos, identidad nacional tan seriamente dañada –eso pasa cuando se habla en nombre de todo un país-.

...De esas dehesas que se perderán sin remedio –ya se perdían incluso con el toro de lidia en ellas. Además, las administraciones se podrían encargar de protegerlas, como hacen con los parques naturales-

...De la extinción de una especie –que fue creada expresamente para ser masacrada-

...De que digan que quien está a favor de la abolición también apoya el aborto, y otros sinsentidos –yo personalmente estoy a favor de que la mujer pueda decidir durante un (corto) tiempo si lo que tiene en su vientre va para adelante o no pero... ¿qué tiene que ver una cosa con la otra?-.

A pesar de todo, decía, me alegro mucho de lo que ha pasado en Cataluña. De que la barbarie que supone encerrar a un animal en un recinto y hacerle perrerías hasta su muerte atroz haya dado sus primeros pasos hacia la erradicación. Me alegro.

Y mira que lo he intentado. He procurado verlo desde el otro punto de vista; intentar vislumbrar la idea de que tampoco es para tanto y que total, que por unos animales expresamente concebidos para la plaza, que viven como reyes y que al fin al cabo terminan en nuestros estómagos no había que ponerse así. Pero qué va. Siempre que me asomo a un reportaje sobre corridas de toros termina pasando lo mismo: veo crueldad y ensañamiento por todos lados. No veo arte, veo salvajismo. Veo... esto:





Me alegro.

(Las fotos son de http://www.boston.com/bigpicture/)

22 de junio de 2009

Re-flexionando: Tácitamente

Estoy terminando Yo, Claudio. Por supuesto que tendrá una merecida entrada en este blog. Y adelanto que la nota será muyyyy alta, porque es una grandísima novela.

Pero, nada más empezar, me llamó la atención este prefacio de la misma:

"...Una historia que fue sometida a toda clase de tergiversaciones, no solo por parte de quienes entonces vivían, sino también en tiempos posteriores; porque es lo cierto que toda transición de prominente importancia está envuelta en la duda y la oscuridad. Mientras unos tienen por hechos ciertos los rumores más precarios, otros convierten los hechos en falsedades. Y uno y otros son exagerados por la posteridad."

Tácito (historiador romano. 55-120 dc.)

Está claro que este razonamiento sería aplicable a muchos momentos de la Historia. Uno de ellos podría ser aquel que tiene que ver con pesebres, cruces y resucitados.

12 de junio de 2009

Re-flexionando: Y el bueno de Carl se preguntaba...

La cosa espiritual siempre ha sido fiel compañera de mi existencia. Desde pequeñín, las eternas preguntas que siempre se ha hecho la humanidad ¿de dónde vengo? ¿adónde voy?, más allá de parecerme la letra de una rumbita salerosa, han ocupado mis pensamientos de forma incesante. Aunque no se trate de un asunto estrictamente espiritual, las dichosas cuestiones se han manifestado sobre todo en momentos muy especiales, como aquel en que se me ve, en algún lugar cercano al faro de Trafalgar, o sobre una roca en plena Sierra de Grazalema, tumbado sobre una gran duna de arena (toma pleonasmo), solo, y maravillado con el sobrecogedor espectáculo de un cielo nocturno en toda su inmensidad, identificando la Vía Láctea, Júpiter, Venus, el cinturón de Orión, Aldebarán... y algún astro más, que fue para lo poco que dio un cursillito de astronomía que hice hace ya mucho tiempo.

En muchas ocasiones la respuesta a todo fue Dios. Un Dios escurridizo, empeñado en esconderse y al que había que buscar. Nunca me sirvieron las respuestas tipo "esto es lo que hay" que ofrecen los diferentes credos, con lo que la certeza de un Dios creador de todo se vio eclipsada infinidad de veces por dudas de todos los colores, cuando no de convencimiento absoluto en su inexistencia.

Para ayudar a explicar mi actual posición en lo que a este tema se refiere, no encuentro nada mejor que este pequeño vídeo, un extracto de la serie Cosmos, de Carl Sagan, en el que de una forma sencilla pero eficaz, se plantea la posibilidad de la no existencia de Dios, simplemente añadiendo otra pregunta a la lista: ¿Quién creó a Dios?

"En muchas culturas (hablando de la creación del Universo), la respuesta habitual es que un dios o unos dioses, crearon el Universo a partir de la nada. Si queremos profundizar valerosamente en esta cuestión debemos, naturalmente, hacernos la pregunta inmediata: ¿de dónde viene Dios? Si decidimos que ésta es una pregunta imposible de resolver ¿por qué no saltarnos un escalón y concluir que el origen del Universo es una pregunta sin respuesta? O si decidimos que Dios siempre ha existido ¿por qué no saltarnos un escalón y concluir que el Universo siempre ha existido, que no hay necesidad de una creación porque ha estado aquí siempre?"

Pos eso. Sencillo pero eficaz.


22 de mayo de 2009

Yo Reflexiono, tú reflexionas... ¿ellos reflexionan?

Muy en relación con lo comentado más abajito (La Biblia al pie de la letra), copio/pego aquí un par de cosillas que man gustao, oye.

- "La vida, en el único sentido de la palabra que conocemos, está hecha de cambios, de oscilaciones entre lo mejor y lo peor, de imprevistos. Una eterna bienaventuranza o una eterna condena son formas inacabables de congelación en el mismo gesto pero no modalidades de vida. De modo que ni siquiera las religiones con mayor garantía post mortem aseguran la «vida» eterna: sólo prometen la eterna existencia o duración, lo que no es lo mismo que la vida humana, que nuestra vida."

- "A este ejercicio de buscar y sopesar argumentos antes de aceptar como bueno lo que creo saber, es a lo que, en términos generales, se le suele llamar utilizar la razón."

(Fernando Savater - Las preguntas de la vida)