13 de enero de 2010

VídeoLink: Sembrando la semilla de la intolerancia

Definitivamente, los Estados Unidos de América es una singular nación. El país más poderoso del mundo, la tierra de las oportunidades, bastión inexpugnable de la democracia... y según muchos, el estado elegido por Dios, aunque habría que preguntarse qué forma de dios, dados los muchos credos que allá existen, y que sólo en el ámbito cristiano cuenta con numerosas variantes: católicos, luteranos, episcopalianos, anabaptistas, presbiterianos...

Frente a la, al menos en apariencia, diversidad y multiculturalidad de las grandes urbes donde se puede decir que hay de todo, existe también el severo semblante de la América profunda. Aquella que esconde el germen de la intolerancia, del racismo y de la exclusión. Poblaciones donde ser negro, judío o comunista, y no digamos ateo, puede llegar a ser un gran problema, y donde el concepto WASP (blanco, anglosajón y protestante) se lleva muchas veces hasta las últimas consecuencias.

Este vídeo es una buena muestra de esos oscuros Estados Unidos. Según revelación directa de la mismísima Wikipedia, Jesus Camp es “un documental de 2006 sobre un campamento de verano Pentecostal/Carismático –ahí va otro curioso credo religioso- para niños que pasan sus veranos aprendiendo y practicando sus dones proféticos, y a los que se les enseña que ellos pueden devolver a América a Cristo.”

Niños en pleno éxtasis religioso, que entre lágrimas y convulsiones levantan el puño clamando por el León de Judá; adoctrinamiento brutal –“esto significa guerra”, exclama una y otra vez una de las jerifaltes- en aras de dar forma a una generación fanática y excluyente; lavados de cerebro masivos para alimentar la alimaña del fundamentalismo más radical, tanto religioso como político, porque ahí están las cabezas “pensantes” animando a los críos a bendecir –en este caso, un mero eufemismo de adorar- una imagen de Bush. El objetivo: meternos a su dios hasta nuestras médulas; convertir a la humanidad en una masa zombificada que solo atienda lo que dicen sus sagradas escrituras.

A modo de clarificadora muestra he subido la sexta parte del documental, que se encuentra disponible íntegramente en You Tube, pero conviene verlo en su totalidad, ya que las perlas están repartidas por todos los capítulos. En uno de ellos le dicen a los críos que Harry Potter es un mago y que, como tal, el dios del Antiguo Testamento lo hubiera matado.

Como diría aquel de la boina y el bastón: ¡vaya panda de venaos!



10 de diciembre de 2009

Una peli: Ágora (2009)

8,5/10

"La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio."
(1ª epístola de San Pablo a Timoteo)


Esta rotunda sentencia, inspirada por Dios mismo, marca el devenir de Hipatia de Alejandría, matemática y astrónoma que vivió entre los siglos IV y V de nuestra era, según se nos cuenta en esta superproducción española fruto de la mano mágica del oscarizado Alejandro Amenábar, a quien a estas alturas podemos considerar como el Steven Spielberg patrio.

El siglo IV dc. fue probablemente uno de los más convulsos de la historia marcado, sobre todo, por un acontecimiento que marcaría el futuro de gran parte de la civilización: el definitivo establecimiento, en el seno del poderoso pero decadente Imperio Romano, de lo que hasta hacía poco había sido un vástago del judaísmo, convertido en una nueva y pujante religión: el cristianismo. Los hitos decisivos en la eclosión de la flamante creencia tienen un marcado acento político y se cimientan a golpe de Edictos Imperiales: el de Milán, promulgado por Constantino en 313, que establecía la libertad de culto, y el de Tesalónica (380) por el que el emperador Teodosio imponía el cristianismo como religión oficial del Imperio Romano.

Esta oficialización del cristianismo, en lugar de traer paz en la tierra a los hombres de buena voluntad, dio vida a un monstruo abominable cuya principal arma era la intolerancia. La nueva y poderosa religión no solo emprendió una feroz persecución contra todos los cultos paganos que poblaban el panorama religioso del Imperio, sino que dio lugar a una despiadada lucha sin cuartel entre acólitos de las diferentes y numerosas interpretaciones del mensaje que Jesús de Nazaret había, supuestamente, dado a los hombres casi cuatro siglos antes. Es, sin duda, la cara oscura de un movimiento que sin embargo, y hay que decirlo, tiene en la ayuda a los más necesitados su expresión más positiva, como es fácilmente comprobable. Es decir, el hecho religioso es capaz de lo mejor y de lo peor. Como la Humanidad misma, vamos.

Pero no nos adentremos en el terreno religioso, que me conozco, y de lo que se trata es de hacer un comentario sobre esta notable película, magníficamente trabajada en todos sus aspectos, aunque también con sus pequeñas taras. Entre los primeros, destacaría la historia en sí misma, ya que Amenábar aprovecha el hecho de que la vida de Hipatia está más o menos bien documentada para diseñar un guión homogéneo y bien tratado, donde los personajes desarrollan sus roles eficazmente, destacando el trabajo de la hermosa Rachel Weisz, en su papel de icono cultural enfrentado al deshumanizado fanatismo imperante. Magnífico su aspecto helénico, propiciado por una suave palidez y dosis muy justas de maquillaje. Ahí están también los personajes que interpretan los papeles más intolerantes – Amonio, Cirilo -, así como el esclavo Davo, paradigma del que, en tiempos de división, se pierde entre dos mundos.

En el aspecto visual, Ágora deslumbra. Las escenas desde el aire de Alejandría están magníficamente conseguidas, con esporádicas imágenes de la Tierra vista desde el espacio, oportuno guiño a la pasión de Hipatia por el movimiento de nuestro planeta, llegando a presuponer, según la película, la forma elíptica de su órbita, algo que no fue confirmado sino por Johannes Kepler ¡unos doce siglos más tarde! Los decorados son también realmente notables, aunque no pueden escapar de una cierta pátina a cartón piedra que estropea un poco el asunto. Y es que ya comenté que Ágora presenta muchos pros, pero también algún pequeño contra. Otro sería la sensación de que a la narración le falta algo de profundidad, de que la historia resulta a veces algo “plana”, cosa bastante común en las superproducciones.

Resumiendo, a mí me ha encantado Ágora. Radico su principal valor en el hecho de transmitir al gran público el conocimiento de un personaje y una época sin duda singulares, y de unos valores culturales que son, ni más ni menos, que aquellos “hombros de gigantes” a los que se refirió Newton cuando intentaba explicar a qué debía gran parte de sus grandiosos descubrimientos. Por cierto, que mientras escribo estas torpes líneas, tengo de fondo parte de la banda sonora de la película, y hay que ver lo bien que le queda al texto cuando lo releo. Vaya paranoia, que sin embargo me anima a poner un trailer cortito.


4 de noviembre de 2009

Un disco - Alestorm - Black Sails at Midnight (2009)

9'5/10



Imaginad que estáis en una taberna de Maracaibo, Puerto Príncipe o algún otro puerto importante del Caribe. Estamos en el siglo XVIII, es de noche y el garito está repleto de tipos con mala pinta que vociferan blasfemias, escupen maldiciones y entonan canciones de expolios y asesinatos, entre jarras de ron y otros vapores. Pues ése es el ambiente al que nos traslada este inmenso disco de un grupo divertido y feroz. Alestorm son ya, por derecho propio y con permiso de Running Wild, los auténticos Piratas del Heavy Metal.

Originarios de Escocia, lo que ya garantiza una clara predisposición al culto cervecero, Alestorm practican un Folk Metal con toques épico-festivo-grandilocuentes, que pegarían perfectamente en cualquier película de aventuras, especialmente en las que tendrían como protagonistas a esos lobos de mar que amargaron la existencia al comercio marino hace dos o tres siglos. Podríamos decir que no tienen nada que ver con la ya pesadísima trilogía de Piratas del Caribe pero, viendo la portada del disco, hay que reconocer que aunque un poco tarde, han aprovechado bastante el tirón de esas películas.

La característica principal de este disco es que te llena de optimismo y ganas de pegar botes sin cesar. La dinámica es festivamente tabernera, lo que se traduce en temas rápidos y a la vez contundentes, capaces de dejar exhausto al más pintado, porque los conciertos de estos highlanders tienen que ser de echar hasta la última gota de sudor acervezado. Por si fuera poco, las composiciones tienen verdadera calidad, con riffs demoledores y partes intermedias melódicas y majestuosas, amén de algún que otro buen solo de guitarra, destacando, sin lugar a dudas, la labor de Chistopher Bowes, frontman, teclista y principal compositor. Decir que el colega canta sería mucho decir, pues su garganta parece el resultado de haber dejado las cuerdas vocales remojando en ron: una voz rota y apagada, que llega con dificultad a los tonos más altos, pero que encaja a la perfección tanto con la música como con el ambiente pendenciero que transmite el grupo. El resto de la banda cumple a la perfección.

Así, entre himnos taberneros e impronta barriobajera, transcurren los diez temas de este Black sails at midnight, segundo disco de su carrera, donde no dejan atrás ninguno de los tópicos relacionados con la piratería clásica: mapas del tesoro, borracheras de ron y venganzas. Y como después de tanta sangre y depravación hay que terminar la fiesta como es debido, pues ahí van los tíos y cierran el disco con una versión de Wolves of the sea, tema que representó a Letonia el pasado año en Eurovisión, ideal para acompañar la ingesta de jarras de cerveza a pelo y de un tirón. Por cierto, que si buscáis en You tube podréis oír ambas versiones, y comprobar que a veces el cover supera en mucho al original. La edición del disco que pirateé (jeje) tiene dos temas más, que a decir verdad tampoco aportan mucho al álbum. Ni falta que le hace.

Un discazo increíble con el que me lo paso genial, de ahí la altísima nota -no es un 10 por algún temilla que se queda pelín atrás- que retrata a esta banda como muy a tener en cuenta en el futuro y de la que, por supuesto, aporto documento audiovisual (oich!). Se trata del tema Keelhauled –“pasado por la quilla”, entiendo yo-, canción sencillota pero enormemente adictiva y estimulante. ¡Al abordajeeeerrr!




17 de octubre de 2009

VideoLink: Por la misma cara

James Kuhn se define a sí mismo como "un artista, drag queen y ex-nudista, nacido de nuevo cristiano". Adora pintar sobre cualquier superficie, así que un día descubrió una que le pilla muy cerquita: su propio rostro.
Nada mejor para entender lo que digo que echarle un vistazo a este par de vídeos, dejar caer lentamente el labio de abajo y liberar alguna que otra baba colgante. En el primero de ellos veremos un rosario de personajes generados por su prodigiosa imaginación, cuyos trazos se adaptan a la cara del artista con una precisión -y un resultado- increíbles. En el de más abajo veremos a los miembros de la banda Kiss acomodándose en los plieges del inquieto rostro del artista.
Reconozco que el arte moderno no es mi fuerte. Nunca le he encontrado parangón con el clásico, capaz de mostrar lo real -y también lo irreal- de forma impactante. Pero con cosas como esta me pregunto si la genialidad humana tiene algún tipo de límite.




Una peli: Déjame entrar (2008)

8/10

Extraña y nada típica película sueca que cuenta la historia de Oskar, un reblanquecido crío de 12 años que vive una existencia complicada: al trauma de la separación de sus padres se suma el acoso escolar al que le someten unos malvados compañeros de clase –bullying, que diría un enteraíllo-. Oskar pasa la mayor parte del tiempo jugando solo e imaginando venganzas para aquellos que lo maltratan. Un día conoce a su nueva vecina, Eli, una chica de su misma edad y de enigmática palidez, a la que no parece afectarle el intenso frío de las noches suecas. Los dos entablan una extraña relación, que se intensifica conforme se va desvelando el terrible secreto que la chica guarda: es un vampiro -o una vampira, que diría nuestra Ministra- y como tal, necesita su buen lingotazo diario de sangre fresca.

El vampiro es, sin lugar a dudas, el monstruo de más largo recorrido de todos los que componen la lista de personajes habitual del cine de terror. Mientras el Hombre lobo, Frankenstein y la Momia se han ido quedando en el camino, apenas experimentando alguna evolución, el vampirismo ha ido transformándose con el tiempo, desde aquel horrendo Nosferatu de los años 20 al vampiro metrosexual de las últimas entregas, pasando por el clásico de capa y pico de viuda tipo Christopher Lee o el superhéroe de Blade. Con Déjame entrar les llega el turno a los niños, a salvo hasta ahora, que yo sepa, de la enfermiza sed de sangre humana.

Estamos ante una película que ha cosechado premios y aluviones de elogios allá donde ha ido. Una excelente fotografía traslada al espectador al ambiente gélido y tétrico del invierno sueco, conformando imágenes de edificios de clase trabajadora rodeados de nieve, con soledad casi absoluta en las calles, poca comunicación y aislamiento existencial. Pero no es sólo el ambiente lo que contribuye a provocar la sensación de frío glacial. El ritmo es pausado y sosegado, pero sin caer en ningún momento en la monotonía. Las estridencias brillan por su ausencia, incluso en los pasajes donde la sangre y la violencia son las protagonistas.

Aunque está etiquetada como película de terror, no es éste el aspecto principal que caracteriza a este trabajo. Su punto fuerte se encuentra en la relación que mantienen sus dos jóvenes protagonistas, quienes bordan su papel de forma antológica. Hace poco leí por ahí que, o ambos tienen en la vida real unos caracteres parecidos a los que interpretan en la película, o han clavado sus interpretaciones, dotándolas de una profundidad subliminal a base de miradas y silencios, a menudo mucho más expresivos y sugerentes que la mayoría de sus conversaciones. Aunque también es cierto que, gracias a Españoles por el mundo – Estocolmo, sabemos que los suecos son más fríos y distantes que el Círculo polar ártico que tan cerquita les queda.

Son precisamente esas características las que hacen de Déjame entrar una película diferente y con una marcada personalidad propia. La mezcla de maldad e inocencia está eficazmente tratada y aunque, como ya he comentado, no está exenta de sangre y violencia, el hecho de que siendo una peli de vampiros no veamos ni un solo colmillo es bastante significativo. También contribuye a la peculiaridad de este trabajo cierto regustillo retro, como de años 80 ó incluso 70, así como el hecho de que se trata de un producto de bajo coste –obsérvense los créditos, blanco sobre negro y punto-.

Como muy bien dice Guillermo del Toro, Déjame entrar es “un cuento de hadas glacial, delicado, atormentado y poético”, lo que define a la perfección a esta pequeña joya nórdica, de la que he quedado en buena medida subyugado.
Iba a poner el trailer original, pero he encontrado este, que expresa mucho mejor lo que decía de la extraña relación entre los dos críos. Miradlo y decidme si no es verdad que esta peli tiene una pinta tan rara como atractiva.


3 de septiembre de 2009

VídeoLink: ¡é oíto, alolo!..

...que traducido resulta, en el idioma de los adultos, ¡qué bonito, Manolo! Me lo dijo mi sobrinita cuando, el otro día, jugaba con unos cromos de La Cenicienta que le había comprado. Ni que decir tiene que el subidón emotivo, aparte de las risas, fue inmediato. Se me vino a la cabeza cuando ví esta pequeña maravilla.

Cloudy es su título, aunque en otros sitios viene como Partly Cloudy (parcialmente nublado), y se trata de un pequeño corto que se está emitiendo previamente a Up, la última entrega de esa fábrica de magia que es Pixar. ¡Preparad vuestras risas y lagrimitas!

(Le salen enlaces publicitarios en la parte de abajo. Estamos haciendo un concurso para ver quién los cierra antes.)

2 de septiembre de 2009

Un libro: Historia del Tiempo - Stephen Hawking (1988)

7/10

Supongo que a estas alturas todo el mundo conoce a Stephen Hawking, aunque solo sea por las dramáticas circunstancias relacionadas con su salud. Incrustado en una silla de ruedas, cada vez más esquelético y comunicándose a través de un ordenador que convierte en mecánica voz lo que escribe con los tres únicos dedos que puede mover. Son las consecuencias de una caprichosa y cruel jugarreta del destino, en forma de terrible enfermedad (Esclerosis lateral amiotrófica), que ataca al sistema neuromuscular, degenerándolo progresivamente y, la mayoría de las veces, acabando con la vida de la desafortunada víctima. Digo cruel porque, por si fuera poco, este mal no ataca las capacidades mentales de quien la padece, con lo que el enfermo permanece totalmente consciente de todo lo que le ocurre; y caprichosa, porque en el caso de S. Hawking ha dejado indemne, por el momento, una de las mentes más preclaras y fascinantes que se han dado en la humanidad. Y es precisamente esa paradójica circunstancia, en la que una mente maravillosa se aloja en un organismo prácticamente muerto, lo que hace de Hawking una singularidad tan fascinante como las que describe en esta su obra, Historia del tiempo (si pulsas aquí, la puedes leer online).

Tengo que empezar diciendo que, siendo las calificaciones que adjudico a lo comentado en este blog subjetivas a más no poder, la que otorgo a Historia del tiempo podría haber sido sustituida fácilmente por un interrogante, y me explico. Dar nota a un libro de esta índole, del que habré entendido no más de un 40 por ciento y del que uno no tiene los elementos de juicio para siquiera tener una opinión formada sobre lo que ha leído, es complicado. No se utiliza una elegante y cautivadora forma de escribir, aunque ésta sí es correcta y eficaz; no se habla de cosas que el lector medio pueda no ya asumir fácilmente, sino siquiera imaginar, pero no creo que se puedan explicar mejor; no proporciona datos que se puedan comparar con conocimientos propios, en este caso los míos, por otra parte inexistentes. Aunque no por ello los temas que trata no sean fascinantes -¡nada puede serlo más!-, como consecuencia de todo esto, la lectura de Historia del tiempo me ha resultado en parte desapasionada y un pelín decepcionante, porque, al menos en mi caso –y no tengo ningún reparo en reconocerlo-, el objetivo que se marcó el autor con su publicación, y que ahora comentaré, solo se materializa en un pequeño porcentaje.

Al inicio de la obra, entre agradecimientos y comentarios sobre las circunstancias que rodearon a su publicación, el autor refiere el motor principal que le movió a escribirlo –cruel comentario, por cierto-: ciertas cuestiones de interés para toda la humanidad -¿de dónde viene el universo? ¿cómo y por qué empezó? ¿tendrá un final, y, en caso afirmativo, cómo será?...

“...Pero la ciencia moderna se ha hecho tan técnica que sólo un pequeño número de especialistas son capaces de dominar las matemáticas utilizadas en su descripción. A pesar de ello, las ideas básicas acerca del origen y del destino del universo pueden ser enunciadas sin matemáticas, de tal manera que las personas sin una educación científica las puedan entender...”

Pues le quedo muy agradecido, Mr. Hawking, ya que quien esto escribe resulta ser un verdadero desastre en lo que a números, cálculos, fórmulas y ecuaciones se refiere. Soy de letras, o mejor dicho, lo hubiera sido si el destino me hubiera hecho transitar por senderos universitarios, lo cual sólo se produjo en una pequeñísima dosis, por supuesto orientada a Humanidades, de lo cual el destino no tiene ninguna culpa, por cierto.

Con todo, reitero la gran dificultad que he tenido para siquiera atisbar el entendimiento de muchos de los conceptos que aquí se tratan. La física cuántica, el principio de incertidumbre, los sucesos dentro de un agujero negro… y la relación de todos esos conceptos con el origen y el final del Universo. No obstante, la parte “entendible” me ha servido para adquirir nuevos conocimientos y revisar aspectos que ya había tocado con anterioridad: la formación de las estrellas, su final en forma de agujero negro, la expansión del Universo, el Big Bang…, en realidad lo más facilito de asimilar. Además, y como último indicio sobre mis limitaciones en cuanto a lo que aquí se trata, comentar que llevaba con este libro en la estantería un montón de años, de donde salió para un par de intentos de lectura y donde volvió al poco tiempo, por las razones ya comentadas. Así que, aunque haya tardado un año-luz, puedo proclamar orgulloso que ¡al fin! terminé Historia del tiempo de Stephen Hawking